Cuando el autor liquida a personajes sin motivo

 Cuando el autor elimina a sus personajes sin motivo

 

Cuántas veces los autores noveles deciden, por las buenas, eliminar a un  personaje con el que ya no sabe qué hacer o hacerlo para ayudar a su protagonista a salir de un lío al que ni el mismo sabe cómo ha llegado. Esto suele ser una  señal  inequívoca de que detrás de este crimen, suicido, desaparición o abducción repentina puede haber una trama floja y poco consistente.  En mi asesoría literaria me encuentro con algunas novelas en las que la trama se ha hecho tan intrincada y complicada que el autor no sabe cómo salir de ella y menos cómo hacer salir victorioso a su personaje principal, así que recurre al viejo truco de cargarse a todo aquel que estorbe para agilizar la resolución de la trama. Y es  entonces cuando el autor elimina a  personajes sin motivo aparente. Lo que ocurre es que al dar el paso de convertirse en la mano exterminadora de todo aquel que estorbe, el autor se aleja de conseguir una trama creíble y por lo tanto publicable.

El hecho  de que de repente muera un rival, una esposa impertinente, una amante peligrosa o alguien que amenaza los éxitos en un negocio de su protagonista resulta muy conveniente y oportuno para el autor y para su protagonista que ve así resuelto su problema por arte de magia y, sin haber tenido que mover un dedo, sale airoso de la trama en la que se había metido y de la que no podía salir por sí mismo de ninguna manera.

Es muy aconsejable  y absolutamente necesario que cualquier cambio repentino en la trama  por el que muera o desaparezca para siempre de la faz de la tierra alguno de los personajes, ya sea  por un secuestro, asesinato, muerte súbita o suicido, traslado de oficina o mudanza, este suceso haya sido previamente preparado por el autor y que no pille al lector por sorpresa. Es decir, que debe haber antecedentes para que se entienda cuando ocurra. Eliminar a ciertos personajes sin que el lector pueda ni siquiera intuirlo es hacer trampa. Porque optar por recursos facilones es algo que casi nunca convence al lector y aún menos a los editores.

 

Imagen: Ian Spinosa on UnsplashPhoto