Cómo describir la apariencia física de tus personajes

 

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Muchas veces los autores noveles utilizan —o mejor dicho, desperdician— un montón de líneas y párrafos de sus libros para describir la apariencia física de sus personajes sin llegar a decir nada relevante o que le caracterice de manera relevante. Es aquí donde un autor novel puede definitivamente empezar a cometer errores a base de largas descripciones anodinas que convierten a sus personajes en monigotes sin personalidad. Vuelvo a recomendaros uno de mis manuales favoritos, Cómo NO escribir una novela publicado por Seix Barral y del que os resumo a continuación algunos consejos que debéis tener muy en cuenta para que vuestros personajes no resulten insípidos y anodinos; consejos muy útiles sobre cómo describir la apariencia física de tus personajes:

1. No describas a un personaje en términos generales

“María tiene una personalidad muy arrolladora”

“Marta es alta y tiene el pelo castaño”

“Gala tenía un rostro bonito y un cuerpo estilizado”

“Antonio vestía unos vaqueros holgados y una camisa a cuadros”

Este tipo de descripciones son anodinas y no describen de una manera particular al personaje; son rasgos generales que no le aportan ningún rasgo distintivo. Si el autor quiere contar algo sobre su personaje, debería contar algo que el lector no dé por hecho. Intenta describir lo que realmente caracteriza a tu personaje, los atributos que le son particulares:

“Mary, con su baja estatura, siempre se ponía de puntilla en las fotos para parecer más alta”, en lugar de decir: “Mary era muy bajita y tenía un gran complejo”, por ejemplo

2. No recurras al truco del espejo para describir a tu personaje

Este es un recurso de los fáciles y lleva nota de suspenso. Recurrir a que el personaje se mira en un espejo y se ve a sí mismo para describrirse a continuación, demuestra mucha pobreza en cuanto a recursos literario se refiere. Así, una descripción de este tipo: “Elena se miró en el espejo y lo que vio fue una mujer madura, de estatura media, pechos generosos y pelo castaño” es todo lo contrario a lo que el lector quiere ver en ese espejo que es algo diferente a lo habitual, a lo que ya se sabe. Así, si nos rendimos al recurso del espejo, sería mucho decir: “Elena se miró en el espejo y descubrió que le estaban saliendo más canas en las sienes, arrancándose algunas, se fijo en sus ojeras y en la mala cara que tenía esa mañana”. Cuando uno se mira en el espejo ya sabe de sobra cómo es y lo que busca es encontrar algo diferente.

3. Recurrir a una foto para describir el aspecto físico de alguien.

Nadie necesita ver la foto de su novia, su madre o su hijo para recordar su aspecto físico. Entonces, utilizar este recurso es también algo fácil y pobre. No es necesario, cada vez que aparece un nuevo personaje, que otro personaje lo describa mentalmente mientras ve una foto suya. Hay otros recursos más creativos para hacerlo. Puedes evitar recurrir a la foto y hacer que tu personaje piense en su novia con pasión, en su madre con cariño porque acaban de hablar por teléfono y en su jefe con rabia porque le ha despedido y a partir de ahí articular la descripción física, si fuera necesario, lo que no siempre hace falta.

4. Recurrir a comparaciones con actores famosos

“Antonio era clavadito a Harrison Ford, pero tenía la mirada de George Cloony”

“María tenía los pechos de Pamela Anderson y la sonrisa de Whoopie Goldberg”

“Elena me recordaba mucho a Aitana Sánchez Gijón, aunque siempre se cortaba el pelo como Melannie Grifith…”

En fin, qué decir de estas descripciones…El lector tiene que imaginarse al pobre Harrison Ford como tu personaje y esto no siempre funciona. Pero si tu personaje se parece a Aitana Sánchez Gijón, descríbela con sus rasgos, su manera de hablar, de andar pero sin decir en ningún momento que ella se parece a Aitana Sánchez Gijón, es decir, ni por asomo. Y lo mismo si tu protagonista masculino es igualito a Harrison Ford, ni lo comentes… utilizas sus rasgos y listo…

5. No recurras al desfile de modas

La ropa puede ayudar a visualizar a un personaje y su personalidad, pero no constituye un rasgo por sí mismo, así que, salvo que el personaje en cuestión sea una o un fashion victim, no es necesario recurrir a descripciones detalladas sobre su vestimenta y sus atuendos a lo largo de la novela. Un solo detalle puede ser más definitivo que una descripción de cabeza a los pies de lo que lleva puesto el personaje en ese momento: “Amalia se puso un delicado fular de seda” , “Elena llevaba un sombrero de ala ancha que ocultaba su misteriosa mirada” “Los vaqueros pitillo estilizaban su figura, normalmente desgarbada”, por poner un ejemplo…

 

Imagen: Photo Dollar Club

 

Fuente: Cómo NO escribir una novela. Seix Barral